Abrir una ruta nueva en el Himalaya y explorar una cumbre virgen siempre ha sido y seguirá siendo lo que nos quita el sueño.

960 720 Juliana

Abrir una ruta nueva en el Himalaya y explorar una cumbre virgen siempre ha sido y seguirá siendo lo que nos quita el sueño. Fue por eso que @robrtomorales @niconavarrete_ec.escala y yo decidimos embarcarnos este año en intentar subir un pico vecino al Manaslú, que hace algunos años, entre la hipoxia y el cansansio de bajada de mi primer ocho mil tuve la suerte de apreciar.

Afortunadamente no fue muy complicado convencer a estas máquinas de armar un viaje, y en pocos meses de hecha la propuesta nos vimos comiendo nuestros primeros chapatis en Kathmandú. Aunque al inicio del viaje nos enteramos de que un equipo había realizado el primer ascenso semanas atrás, no nos importó! más bien nos hizo ver que mas alla de la cima, lo que queríamos era escalar nuestra propia ruta en esta hermosa pared.

Establecimos un campo base en una pequeña villa a 4500m llamada Dharamsala. El primer paso fue realizar una vuelta de reconocimiento a la montaña. Sabíamos que habían dos opciones de ingreso a la pared y quisimos confirmar cual era la más eficiente y menos comprometida, así que decidimos ingresar por el valle que conduce a la base del pico Norte del Manaslú. Una vez allí atravesamos hacia el nor-oeste pasando por la base de nuestro objetivo, donde pudimos visualizar la futura línea. Después de alcanzar un collado a 6000m (el cual bautizaríamos el “col de los Ecuatorianos”) y adentrarnos a la vertiente Norte de la montaña, comenzamos el descenso para reconectar el sendero que lleva al Campo Base. El primer día transcurrió con la compañía de unos chubascos hasta la base del Manaslú, el segundo pudimos plantarnos al inicio del glaciar Norte, y en el tercero la jornada comenzó desayunando bajo cero y la tónica fue una sensación interminable de navegar en uno de los glaciares más complicados y peligrosos que hemos transitado. Finalmente logramos salir completos y con el mensaje claro de que la aproximación debía ser las más segura; el interminable valle que pasaba por las faldas del Manaslú.

Descansamos varios días que afortunadamente sirvieron para que pase un periodo de mal clima, mientras tanto preparamos nuestras maletas con el equipo y comida necesario para un intento de ocho días. El 14 de Octubre salimos del campo base; en ocho horas que transcurrieron más rápido de lo pensado entre morrenas y nieve fresca llegamos al campo 1 al pie de la imponente cara Norte de la octava montaña mas alta del mundo. Al día siguiente con un cálido sol que poco a poco nos fue achicharrando batallamos con maletas pesadas y nieve profunda hasta establecernos en la base de la pared a 5600m. Esa noche una nevada inesperada nos obligó a tomar un día de descanso, la verdad muy merecido y necesario tras todo el trajín que hasta ese punto habíamos vivido. El día 17, tuvimos el primer encuentro con la roca de esta montaña, fijamos tres largos en los que dejamos nuestras únicas dos cuerdas y regresamos a la tienda contentos y motivados con la calidad de la escalada.

El día siguiente comenzó nuestro ataque final a las 4am, los primeros rayos del sol nos saludaron mientras ascendíamos por las cuerdas fijas. Comenzamos a descifrar los siguientes tramos de la pared disfrutando de una escalada de calidad. En el décimo largo, la inestabilidad roca y la dificultad de la escalada comenzaron a demorar el progreso. Rápidamente nos dimos cuenta de que la ambición de subir en un solo día no iba a ser posible y preparamos un sitio para el vivac.

Tras una noche sentados en un pequeño nevero a 6200m, un café con huevos revueltos medio hidratados nos activaron a las 5am. Con la incertidumbre de lo que nos esperaba en el “headwall” empezamos a calentar el esqueleto. Esa mañana y tarde vivimos intensos momentos, la pared final consistía en una serie de tramos de roca vertical y a veces desplomada que desafiaban la gravedad: era como escalar las escamas gigantes de un dragón, solo esperábamos que esta vez el dragón no despertara. Con miedos y gritos eufóricos poco a poco logramos encaramarnos en la cabeza de esta bestia. Nos vimos recompensados con una preciosa arista somital, después haber escalado la línea más directa, vertical y estética que nuestras mentes y cuerpos visualizaron.